Todos tenemos momentos dolorosos que hemos vivido, y tenemos que aprender a olvidar esos momentos, para que podamos gozar de la vida, porque de eso se trata.

Continuación:

Hay que olvidar el pasado, sobre todo ese pasado que nos daña y debemos hacerlo si queremos avanzar con éxito hacia el futuro, para poder disfrutar la vida y valorarla. Pero ¿cómo aprender a conseguirlo? Si bien es cierto que a veces no es fácil desligarnos de nuestro pasado, lo más importante es entender cuán dañino es aferrarnos a él.

Sin embargo, hay que aclarar que el pasado no se olvida, porque olvidarlo sería como borrar parte de nuestra historia; simplemente debemos sanar el alma de los malos recuerdos, de todo aquello que una vez nos hizo daño, o aun del daño que también hicimos.

No se puede desandar lo andado, ni devolver la gota derramada; no podemos recuperar la juventud perdida, ni recoger las ofensas ya lanzadas. No es posible solucionar los errores del pasado, pues es imposible devolver lo cometido, y aunque queramos cambiar lo sucedido, ya no es posible devolver el tiempo, para subsanar todo aquello en lo que quizás hemos fallado.

Olvidar las ofensas del pasado

Si nos dañaron, es necesario olvidar; pues cada recuerdo de ese doloroso evento ahondará cada vez más en nuestra herida sin permitir sanar el alma del rencor, y sólo sanando podremos cerrar ese capítulo y continuar avanzando en nuestro caminar por la vida. El pasado debe quedar atrás con sus falencias, tristezas, penas, equivocaciones, dolencias y también con sus condenas.

Pensar en las frustraciones del pasado, nos resta coraje para enfrentar el presente, y nos impide crear motivaciones para avanzar hacia el futuro. Y si pensamos en lo malo que hicimos o en aquello que dejamos de hacer pudiendo haberlo hecho, nos vamos a sentir demasiado culpables, y la culpa por el daño que causamos es tan dañino como el rencor de lo malo que otros nos hicieron.

En cualquiera de ambos casos, somos nosotros los que más sufrimos, y ese sufrimiento jamás podrá cambiar lo que ya se ha hecho. Ya lo dice el viejo adagio popular “recordar es vivir” y para qué vivir de nuevo lo que una vez nos hizo daño. Es por eso que lo mejor es perdonar, porque el perdón es la clave del olvido. Al perdonar el alma sana y al sanar podemos continuar. No sólo perdonar al otro sino también perdonarnos a nosotros mismos.

Olvidar el pasado es perdonar

Olvidar el pasado es perdonar y perdonar es sanar y avanzar. Cuando perdonamos el alma se libera de una esclavitud a la cual nos habíamos aferrado y como por arte de magia, los malos recuerdos poco a poco se pierden en el olvido. No sólo perdonar al otro sino también a nosotros mismos. Porque el que no perdona, solamente se daña a si mismo, mientras el otro va por la vida sin siquiera darse cuenta del daño que ha causado.

La Madre Teresa de Calcuta, famosa por su infinito amor al prójimo decía: “El perdón es una decisión, no un sentimiento, porque cuando perdonamos no sentimos más la ofensa, no sentimos más rencor. Perdona, que perdonando tendrás en paz tu alma y la tendrá el que te ofendió”.

Y la Biblia dice en Mateo 6:14: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial también os perdonará a vosotros”.

Vivir el presente y mirar hacia el futuro

Deje de recordar el tiempo ido y sólo recuerde lo bueno que ha quedado. Viva el presente y planee su futuro y que el pasado muera con el tiempo, pues por estar viviendo lo pasado, desperdiciamos lo mejor de lo presente. Por difícil que haya sido lo pasado, olvídelo mirando hacia delante y por ningún motivo permita que su sombra interfiera en el desarrollo de su vida.


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