“Me duele todo: la cabeza, el cuello, la espalda… y no puedo dormir”. “¡Tómate un ibuprofeno! Es genial y te calma el dolor enseguida.” ¿Cuántas veces se escuchan frases como ésta? Las aparentes conversaciones casuales podrían ocultar algo más grave detrás: el estrés.

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Tomar conciencia de lo que sucede en el cuerpo permite prevenir las consecuencias antes de que la tensión o la ansiedad nos sobrecarguen. Pero cuando los síntomas son tan comunes, ¿se les presta atención? ¿Será casualidad el auge de las disciplinas alternativas, como el reiki, o las actividades que favorecen la relajación, como el yoga?

¿Qué es el estrés?

El concepto se refiere a las reacciones que experimenta el organismo ante un estado de tensión. Nuestro cuerpo tiene memoria de cómo se comportaba el antiguo hombre prehistórico, que frente una situación de peligro se preparaba para luchar o huir.

¿Qué situaciones lo originan?

Existen múltiples factores que pueden desencadenar el estrés, los cuales varían en la medida en que cambia el individuo que percibe los estímulos. Mientras para algunos el ruido ambiental puede ser suficiente para desencadenar el peor de los ataques de nervios, para otros esto no tiene nada de especial.

Los factores estresantes pueden ser externos o internos, como las propias creencias y miedos de cada persona. Es decir, el estrés es subjetivo, al igual que la forma de enfrentar las situaciones. Ahí radica la importancia de comprender cuáles son los desencadenantes para cada uno y aprender a manejarlos.

Insomnio, angustia y dolores musculares

El organismo pasa la mayor parte del tiempo reparando el desgaste celular. Ante una amenaza, la energía es dirigida a preparar el cuerpo para la huida, dejando de compensar dicho desgaste. Se genera un exceso de adrenalina, que aumenta el ritmo cardíaco y la presión sanguínea, y aumenta el nivel de cortisol (conocido como hormona del estrés), que deja indefenso al sistema inmunológico.

Si la situación se prolonga demasiado, el cuerpo dejará de responder hasta alcanzar el agotamiento total. Es en ese momento donde se comienza a manifestar el estrés.

  • Físicamente, con alteraciones en el apetito, la aceleración del ritmo cardíaco o los dolores musculares.
  • Psicológicamente, mediante el insomnio, la irritabilidad y la angustia.

De acuerdo con la noción del síndrome general de adaptación, elaborada por el científico Hans Selye, si la exposición a los agentes estresantes es persistente puede ocasionar daños irreversibles para la salud, como el deterioro del sistema de defensas.

La responsabilidad de los padres

El estrés también afecta a los más pequeños. Los expertos en el tema sostienen que la exposición de los niños a situaciones de tensión puede perjudicar el crecimiento y la conformación de la personalidad de los adultos en que se convertirán, así como su manejo de las situaciones de presión.

Si bien el estrés puede tener desencadenantes externos, como los problemas familiares, de pareja o laborales, también está estrechamente ligado a la capacidad individual para reaccionar a esos estímulos. Y esto último podría alterarse según los episodios vividos en la infancia. Aquí radica el compromiso de los padres de proteger a los niños brindándoles un entorno calmo y estable donde puedan desarrollarse.

Claves para prevenir el estrés

Aún hay solución para lo que parece ser el mal del siglo XXI. Para prevenir el estrés se debe procurar reducir al mínimo las situaciones de tensión, buscando la armonía con el medio ambiente. Existen algunas claves para seguir en el día a día.

  • Cuidar y embellecer el espacio propio, ya que es una forma de armonizar los sentimientos con el entorno.
  • Practicar técnicas que fomentan la relajación y el equilibrio.
  • Cuidar la alimentación.
  • Caminar al menos media hora al día o realizar cualquier ejercicio físico.
  • Limitar los tóxicos en casa y dentro del propio organismo, como el alcohol, el tabaco y otras sustancias adictivas.
  • Reírse.

Tan necesario para motivarnos pero en igual medida peligroso. Estando en equilibrio y en paz, se puede combatir una de las amenazas que más atenta contra la salud: el estrés.


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